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AITOR ARJOL BERMEJO

ESPACIO PERSONAL DE UN CONSTRUCTOR DE IDEAS, POETA, PROFESIONAL DE RELACIONES INTERNACIONALES, PERIODISTA O, ESENCIALMENTE, SER HUMANO QUE AMA DOS CULTURAS: LA VASCA DE ORIGEN Y LA ANDINA DE ADOPCION

Aitor Arjol

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Licenciado en Derecho y Master en Cooperación Internacional por Universidad del País Vasco. Profesional en cooperación al desarrollo, poeta, periodista y fotógrafo. En 2004 a Quito –Ecuador-, 2 años, en el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. Viajes a Perú y Chile por profesión y amor a la cultura andina y sus gentes. Compartí profesión y vínculos literarios. A inicios de 2006, tras apoyar al Instituto Geofísico en Cuarto Congreso Mundial "Ciudades en Volcanes", regresé a mi país, donde trabajo, independiente, como asesor en cooperación, inmigración y multiculturalidad. En 2006 edité el poemario, Nere Ekialdean, fusión de dos culturas: vasca de origen y andina de adopción. Vivo en el tejido asociativo local y la Asociación Victoriano Crémer, en Basauri (Vizcaya) con el escritor Antonio Molina, organizando tertulias y eventos. Blogger en portales. Amante de la Web 2.0 y toda faceta creativa asociada a TIC's. Trabajo en pro del entendimiento entre Norte y Sur. Redactor en Nuevo Euskadi.
August 12

PÍO PERENNIS

 
 


Pío de Sajambre al atardecer. Norte de León.

III

PÍO PERENNIS

El pueblo es como un árbol de piedra perenne . Con los hijos de los hijos que son toda la vida de aquel lugar. Hijos  tan naturales como los juilgueros que cargan con sus siete colores por las arboledas. Pareciera que siempre han estado allí. Naciendo y criando entre horreos, cuadras y tendido eléctrico. Hijos que cambian de nombre pero no de apellido. Hijos que iluminan el cielo de cada año.

Parece que nada cambia o, aún así, no son perceptibles las diferencias. Los hijos tienen sus nietos. Las sombras disponen del sujeto que las alumbra. Las puertas se abren y cierran. El panadero sigue viniendo con la misma relativa frecuencia, aunque en una furgoneta y no en motocarro, o siquiera de caminata, dejando evidencia oral de la mercancia que trae o, como ahora, cambiando las cuerdas vocales por el bocinazo incandescente del vehículo, casi a las diez y cuarto de la mañana, como si tocaran para el rancho.

Las cosas no cambian. Los jilgueros siguen volando igual. Febriles. Acotando su canto. Escapando del vecino que quiere atrapar sus nidos a comienzos de junio. Y los hijos corretean a fuego lento por las callejas, sin solicitar peaje, trazando su andadura al mismo ritmo que el surco del agua recién caída. El tiempo es una sucesión de hitos transparentes. Los apellidos se perpetuan. Los más recientes nacen del mismo vientre y se conjugan con la saliva de los sexos opuestos de otros pueblos del mismo valle. Como una suave vallegamia donde parece que todo perdura con el ritmo y habitualidad de las estaciones.Los jilgueros mudan su pluma. Los hombres se abrigan en mayor o menor medida. El fuego del sol rastrea las pieles todos los veranos y se esconde detrás de los collados en invierno. Los arroyos bajan con el agua que imploran las nubes.

El pueblo está hecho para que las mansas tejas permanezcan. Para que uno se detenga y se vea a sí mismo, detenido, de la mano de la inmovilidad. Ojos prietos. Alrededor nada muere. Todo sigue su trasiego habitual. Con habitantes que despiertan con el alba y vuelven de sus labores con el crepúsculo. Con jilgueros que usan la lengua para volar. Con viento perceptible o ausente.

El cambio es un espejo que devuelve la misma imagen con diferentes matices. Un sólido espejismo. Qué mejor que un pueblo para darse cuenta. Que podemos estar aquí toda la vida, hambrientos de lentitud y como si la realidad, en su manifestación más sólida y profunda, pudiéramos apreciarla así. Que la vida está siempre y se queda, como nos quedamos nosotros con ella. Que todos los días el jilguero pía junto al canalón. Que si no te como a besos podré hacerlo mañana a la misma hora. Que si no soy yo, lo harán mis hijos o mis nietos, con sus zapatitos más pequeños.

 

Imaginado en León, un 7 de agosto de 2008

..... .....

Pío de Sajambre es un pueblo del norte de León, muy cerca de las estribaciones de los Picos de Europa. Sembrado con unos pocos habitantes. Una vez allí, e inserto en el medio como si fuera un insecto más de la colonia salvaje o un oso solitario que rebusca manzanas salvajes entre las hayas y fresnos, nada parece que cambia. Pueblos de mi país que, en sí mismos, no se diferencian de los ámbitos rurales de otras geografías, en la medida en que la lentitud, rutina, contemplación, sabiduría y ritmo son características comunes a todos ellos, por citar algunos ejemplos. También, acostumbrados a la globalización, supone otra importante connotación: el pueblo es un reducto de la preservación de las tradiciones, tan necesarias para identificar y distinguirse entre sí.

La cultura popular ha sido denostada porque se ha identificado tradicionalmente con el campesino de boina y azada, de natural inculto y que no acostumbra a leer salvo los salmos de la misa. Pero ahora corren tiempos en que lo popular se enarbola como bandera de reclamo turístico y regreso a nuestros ancestros. Es por ahí por donde los pueblos empiezan a reconocerse como algo valioso y singular. Pero para muchos de nosotros, el pueblo es sinónimo de nuestros padres, abuelos, bisabuelos y una larga lista de ascendientes que se pierde en la vereda de los serrijones genealógicos.

En esa medida, los pueblos nos dan mucha de la razón de ser que hemos perdido y a que veces es de justicia recordar, no tanto para sentirnos originarios de un lugar, o adalides de una reivindicación política, sino para mirar la línea que tejemos en la vida. Razón que es dificil explicar. Solo sabemos evocarla y describirla a través de los sentimientos y de la memoria colectiva de los nuestros. Tiene un sabor poderoso y dulce, tanto si es buena como mala.

Los pueblos nos han parido, mire por donde se mire. Pero también son una realidad frágil y en desuso. Los hijos de los hijos solo van de año en año. Quedan pocos mayores. Los tejados se hunden. Los caminos se empañan. Son la contracorriente de todo lo que en nuestro devenir es común: la luz ultravioleta del metro, la ciudad, el desempleo, la comida rápida, la dictadura televisiva o el genocidio publicitario.

Pero a veces, somos capaces de huir, bien cerca, al otro lado del hormigón, por iniciativa común o invitación de algún ser querido que nos acoge. Entonces, cuando te despiertas y tu mano derecha está sobre un viejo jergón, te das cuenta que: lo que nuestra abuela o madre nos ha contado está más cerca de lo que pensábamos. Este breve cuento da idea de ello, pero también de muchas mas inquietudes, que aumentarán en número en cuanto que cada par de ojos que lo lean y oídos que lo escuchen dispondrá de un número creciente, a su vez, de analogías y curiosidades.

Puede aportar un valor altamente esclarecedor, de acercarse a una realidad tan distina de la leída, la de nuestra vieja península, para aquellos que no viven aquí y les llega otra realidad bien diferente y bastante desajustada. También da buena cuenta de una noción, como es la "filosofía perenne" o "philosophia perennis", de la que es la primera vez que escucho el nombre, pero que fue acuñada por Aldous Huxley y entre cuyas afirmaciones señala que: "el hombre posee una naturaleza doble, un ego fenoménico y un ser eterno que es hombre interior, el espíritu, el destello de divinidad en el alma". Es decir, el soporte de la carne, materíal y físico, sujeta a los rigores de la mortalidad; y la consistencia del alma, inmaterial y espiritual.

 

July 24

EL ANUNCIO

 
 

II

EL ANUNCIO

Éste es el anuncio en manos de un soñador: cambio emisora de radio por gotas de lluvia. Escrito en letras mayúsculas. Con el temblor propio del surrealismo. La persona lo escribió con una tiza de carbón, sobre un cartón usado.

Estaba en medio de un paso de cebra, pensando que las cebras son conciudadanas de la circulación y dignas sucesoras del tráfico rodado ¿Por qué semejante trueque? Pues una emisora de radio nos divierte y propina con canciones sucesivas, para gloria y dicha de la buena soledad. En cambio, las gotas de lluvia son un engorro para las prendas de vestir y dejan un significativo porcentaje de humedad en nuestros pensamientos.

Aquel tipo tenía bien claro lo que quería hacer con el anuncio. Convertir a las gotas de lluvia en una nueva frecuencia modulada. Algo así como la Emisora de los Cielos. Y qué mejor que trocar unas cuantas gotas de lluvia por una emisora de radio, para dejarla allá arriba, donde las nubes, como testigo de lo que las gotas trocadas harían en la cabeza de un soñador.

..... .....

El primer cuento escrito en Quito. Un 2 de abril de 2004. Cuando estaba fascinado por el tráfico rodado y la heterogeneidad de la geografía urbana latinoamericana. La gran urbe. Populosa y discreta como Maracaibo. Amplia y alargada como los cerros de Lima. Agreste como Buenos Aires. Literaria como Mérida.

July 11

UNA SAGA SIMULTANEA

 
 


Campos cercanos a Quilotoa, en la provincia de Chimborazo. Ecuador. 2004

 

I

ARJOLES Y COPANES

 

Mi padre iba en burra, de vereda en vereda, por las huertas sedientas y medanos del Huecha. Antes que mi padre, mi abuelo fue caminero. Un hombre que arreglaba las cunetas a golpe de pico y horas de sol. Durante mi abuelo, hubo una guerra, a la que se llevaron fusiles, hambre y zapatos rotos. Antes que mi abuelo, no me acuerdo, salvo lo que me cuentan.

 

Mi padre echaba a rodar las sandías por los caminos viejos. Antes que mi padre, mi abuelo colgaba la fruta en un rincón oscuro de su casilla, para pasar el invierno. Todos comían de la escasez de viandas, como los melones de piel de sapo que se conservan hasta que sonríes. Durante mi abuelo la guerra se llevó todo, hasta que no dejaron nada. Antes de mi abuelo, sin embargo, la escasez era una cuestión de dignidad para el labrador, acostumbrado a lamer olivares a la tierra.

 

Mi padre después se marchó a la ciudad. A ganarse el pan. A poblar la industria como una porción de harina más de la masa proletaria. Antes que mi padre, mi abuelo no se fue a ninguna parte. Al campo lo que es del campo. Por sus sienes transcurrieron las estaciones, hasta envejecer, con las ramas de una larga diáspora de nietos correteando alrededor. Durante mi abuelo, la guerra quitó muchos nietos, porque hubo hijos que no nacieron, o que simplemente, los mataron. Antes que mi abuelo, nadie soltó la pierna, que yo recuerde.

 

Mi padre nos crió con jornadas de largas horas. Sobrevivió a dos naufragios colectivos. Acreedor del justo título de lobo de mar. Antes que mi padre, mi abuelo envejeció sentado en una silla, o echando la siesta vespertina, hasta que una piedra tintineaba por las baldosas y se despertaba. Durante mi abuelo, crecieron unos cuantos y otros tantos emigraron, un poco más allá de la siesta. Antes que mi abuelo, me imagino que América era un disparate.

 

Mi padre me vio como un hombre. Soy un poco de astilla de tal palo. Llevo tierra en las sienes. Antes que mi padre, también eche las manos en los bolsillos de mi abuelo. Visto el mismo apellido. Camino con rumbo fijo. Durante mi abuelo no había posibilidad de proezas. Sólo podías elegir entre la azada o la flor de un almendro. Antes que mi abuelo, estoy seguro de que las caléndulas no existían.

 

Mi padre, hace cuatro años, levantó los ojos cuando me marché. Tiene un hijo emigrante. Alzó el corazón. También la mano. Se llevó el azar a la lengua. Y me fui lejos. Crucé el mar. Mas allá del cabo Finisterre, Me detuve en los Andes y las palabras crecieron como árboles.  Durante mi abuelo se reprodujeron los exilios como moscas. Cruzaban la frontera muertos o en harapos. Antes que mi abuelo, a buena cuenta que lo único que no emigró fue la necesidad, pues ahí se quedó, tan campante, alimentando nuestras bocas.

 

Mi padre sabe que Copán, Piura, Oruro u Otavalo existen. Que son semblantes de otra realidad como la nuestra. Rostros que sonríen, trabajan, desfallecen y se besan. Que quedan en alguna parte de la cordillera o en el restaño de una ola. Ojalá mi abuelo hubiera sabido lo mismo que mi padre. Estaría rascándose la cabeza después de desplazar la boina hacia una esquina, preguntándose si Copán es un licor o los ojos de una bella muchacha. Antes que mi abuelo, el Moncayo era la cordillera más lejana.

 

Mi padre está en la palabra. En todo lo que tejo. Va allí donde yo camino. Ha estado en las caras blancas de Quito. Observado conmigo las olas de Isla Negra. Bailado el sanjuanito. Escuchado las dulces cuecas. Abrazado una dulce limeña. Leído con mi boca versos de Pablo Neruda y dientes de Marcela Serrano. Y también mi abuelo, en alguna parte del universo emigrante, va de frente, con su recua. Como todos aquellos abuelos de mis abuelos que nunca conocí. Todos emigran conmigo. Calculan el peso del equipaje. Sobrepasan la puerta de embarque. Emigramos juntos. Para reconocer en tantos otros una saga simultánea.

 

..... .....

Diario

  El 18 de julio es mi cumpleaños. Por estas fechas se acumulan nostalgias. América siempre abre la caja de los truenos. Pero son truenos amables. Reflexiono sobre lo perdido, como ese tiempo perdido del que va en busca uno de los personajes de Marcel Proust. El ser humano es como un camaleón que se mimetiza con el entorno. Solo así dicen que es posible que se adapte a todos los terrenos. ¿Pero cómo se adopta alguien que ha estado tanto tiempo en otros lugares? ¿Es más fácil? Parece que en teoría sí, pero sucumbimos a una etapa de necesaria desubicación y desarraigo. Parece tonta la idea. Pero no es tan sencilla.

Durante el tiempo que llevo en mi país, es como si me hubiera olvidado en parte, de todo lo vivido y acontecido en Ecuador. Fui cooperante. Y como muchos de los de nuestra especie, es inherente a nosotros la fugacidad y profundidad de los vínculos que establecemos en el lugar de destino. Las vivencias son como trenes de gran tonelaje, que pasan por encima de nosotros, y tenemos que vivirlos con la mayor de las intensidades, porque dada la inestabilidad geográfica no nos queda otra.

Al regreso, lo vivido yace en una nebulosa. Lo mismo que nuestros pantalones y corazón cuando regresamos a las mismas calles de la ciudad. Sea Bilbao. Sea Zaragoza. Te sientes como si hubieras estado doce mil años fuera de aquí. Pero no nos fuimos en tiempos de los Cromañones. Y aunque ahora no ejerzo exclusivamente en el sector, vivo de él en cuanto la materia escrita es la consecuencia determinante de lo vivido.

Estos días, tan propicios para la soledad y el regocijo de la escritura, he tenido detonantes en los que habrá más de casualidad que de otra cosa ¿quién cree en el destino? ¿por qué nos juntamos los seres humanos? Era como un camaleón dormido hasta que una u otra rama se me acerca y me atiza. Despierto y vuelve a cantar el sinsonte. Me acuerdo de Ecuador porque leo y veo imágenes de Guatemala. Amo palabras aprendidas esta semana, como estar embarbasado u oler una caléndula.  Surge el deseo de irse a Murcia a comer sandía y vigilar el sol desde los caminoso perderse por los rincones literarios de Madrid, hasta que huela un encebollado o una paila de arepas., aunque más que la ciudad, amo su interiorismo. El carácter integrador y castizo. Las luces y las sombras. Estoy aprendiendo a conocerla

Éste es el primer cuento de muchos que vendrán. Bienvenida a la prosa. Haré las cosas despacio. Gracias a Monterroso, Vargas Llosa Galeano y Miguel Ángel Asturias. Gasto en libros lo que un rey en pintarse las botas. He anotado un nombre: Marcela Serrano. También una película: Miel para Oshun. .

Hoy me puebla un tiempo diáfano, libre y amplio. Con muchas ganas de meter en vereda a las letras. Y una gasolinera hasta los topes de combustible sentimental. Escribo de lo que vivo. Y este cuento es una prueba. El padre. El abuelo paterno. La guerra civil. La emigración. La estructura cíclica que aparece como recurso narrativo en muchas teorías, pero ignoro su nombre. Y varias palabras, como síntesis de lo aprendido durante estos días. Oruro proviene del carnaval de Bolivia. Piura del norte de Perú. Copán de la acariciada Guatemala a la que he fijado como próximo destino.

 Basauri, a 11 de julio de 2008

..... .....

July 08

VUELO DESNUDO

 
 

 

 

 

Nuestro amor silencioso
y oscuro nos eleva
a las eternas noches
que separan altísimas
los astros más distantes

Manuel Altolaguirre

 

VUELO DESNUDO

Quiero volar desnudo
a la carne de tu arpa.
Hecho de viento húmedo
y escaleras de ansia
 en tu pezón despierto.
Ser ola de Máncora.
Traerte a mis escaleras
de amor y verdes anclas.
A tientas sobre una flor.
Tus piernas a la deriva.
Atados pecho a pecho
y tus labios adheridos
a mi garganta de sinsonte.

 

 

He estado algunos días en silencio. No por nada en especial. Después de vivir tan hermosos cambios profesionales en las últimas dos semanas, siempre se abre un periodo de lógica y fuerte incertidumbre cuando te enfrentas a algo nuevo. No sé si es casualidad que los periodos de mayor abundancia de sensibilidad se correspondan con el aniversario de nacimiento. Hoy, por ejemplo, tengo hambre. Es un estado manifiesto y patente. Suerte que el apetito carnal no solo se alimenta de tu amante, porque lleva aparejado múltiples factores, entre los cuales encuentras de todo: convivencia, cariño, afinidades, misterio químico, grado de proximidad geográfica. Lo que más amo de la pasión es esa capacidad para dilatar el pensamiento y abrirlo como una sandía madura. Y es también el factor determinante a través del cual me enamoro de una alma femenina semejante: de su pensamiento. Cuando se logran conciliar esas dos atracciones de similar naturaleza, entonces, es como si la tierra, los campos, las espigas, la selva, las pirámides, los mares, las olas y los pájaros barruntaran tormenta.

Y ahí está entonces, mi pájaro predilecto: el sinsonte. El pájaro que mencioné en una de las entradas de meses anteriores. Mi bello pájaro cantado por Silvio Rodriguez, y del que todos vosotros, me habéis hablado. Algunos me contaban cómo cantaba en sus parcelas de las casas de campo, en las colinas de Colombia, o en los canchales de México. Pero también, sobre todo, cómo los sinsontes se comen la fruta de los aguacateros presentes en un jardín de Guatemala.

Me imagino un sinsonte volando bajo la lluvia tropical. Dice la madre de mis sobrinos que el calor y el amor van unidos. Qué tanta verdad hay en ello. Y de esa forma quise unir los sinsontes y los ecos de amor que resuenan en esos versos de Manuel Altolaguirre, poeta al que recuerdo porque aparece en unas viejas imágenes en blanco y negro, en plena Guerra Civil Española, caminando con Pablo Neruda, en el Madrid bombardeado, o creo que también, presente en la vida de Federico García Lorca.

Esta vez no he explicado nada del poema, para no desnaturalizarlo, porque algunos me decís consecuentemente que, le rompo la libre imaginación. Estoy de acuerdo. Pero a medias. También debo añadir cómo me siento, aunque sea en prosa.

Y ayer, por ejemplo, volvió a mi corazón la eterna pregunta del regreso. En este mismo medio coincidí con alguien que ha estado mucho tiempo , como cooperante, en Guatemala; aún no me ha dicho cuánto, pero que lleva tres meses aquí, y a juzgar por su inquietud, me pregunta si se siente apego, o si es normal la desubicación. Cómo no iba a responderla. Si yo estuve igual. Parecía un naufrago. Pero no desesperado. Sino un naufrago consciente de que le habían rescatado de una isla donde parecía sentirse a gusto. Como un Robinson Crusoe que le llevan de vuelta a su patria. Ahora le hallo la metáfora.

Después de todo, el hecho de nacer en un lugar me hace parte indiscutible de él: soy de Bilbao, de Aragón paterno, de Castilla materna, de Galicia adherida.  Ahora bien, hay hechos que, por su trascendencia o el significado contundente en nuestras vidas, les otorgamos la misma  fuerza indiscutible del nacimiento. Es así como también podemos ser de otros lugares.

También este poema, dedicado a Pablo, un amigo de Valladolid que escribe poesía y que se tomará una semana de vacaciones, pero antes nos dejó una propuesta de escribir un "si yo fuera" que empezó como algo condicional, pero que, por suerte, sentí que es verdad:

 

CONDICION EXACTA

Si yo fuera
ESLORA del aire

estaría
agitando la campanas
de la poesía

por suerte
la condición es exacta

 

Me gustó el matiz de esta poesía. Tiene filosofía y brevedad. Como los poemas de José Hierro o los que leo de mi estimado Julio Cejas, otro poeta compañero argentino. Y cómo no, me recuerda a aquellos versos desnudos de Margarita Rojas, la poeta chilena que se anda con el agua en las ramas, que lo último que sé, se regresó de Chiloé. Muchas anécdotas si abro la caja de los recuerdos. 

 

 

July 07

LENGUAS HÚMEDAS

 
 
 

 

LENGUAS HÚMEDAS

 

Las lenguas húmedas de tu ausencia
se derraman a través de la luz.
Suspiros cóncavos a través del viento.
Me pregunto si en el umbral
de la deriva nuestro silencio existe
o somos una flor tan viva, tan amada.


June 23

PIENSO

 
 

Campos de Alberite de San Juan, en la provincia de Zaragoza


PIENSO

Pienso
en las inocentes manos del camino
en los amigos que brindan con luz y fidelidad
en el espejo hiriéndose con el cuchillo de la tarde
en los vigentes cuerpos que descansan sobre la tierra
en los ojos débiles que miran el pan que me ofreces
en la lluvia que socorre los úteros del invierno
en cómo cambia la lectura de la corriente
en amar la luz que llena tu carne

..... .....

Pensar es uno de los ejercicios donde no disponemos ni de razón ni de calculadora. Las operaciones aritméticas, si las hubiera, que se bajaran en nuestro corazón son la suma de lo que vivimos. Pensar es robarle a la vida un instante. Detenerse. Con ímpetu. Poner un taco de madera a la rueda de nuestras piernas. Y una vez calzada nuestra maquinaria anatómica, cerrar los ojos, y dirigir la palabra lo más cerca posible del estallido. Irse allí donde se originan nuestros temores, dudas, incertidumbres, deseos y pasiones.
June 14

CAMINOS

 
 

 

CAMINOS

Los caminos
a medio levantar
de leve estatura

caminos que nos refieren
un compás
en la vida

blancos de sábana
verdes de estación
negros de ceniza

los caminos besan
azares dispersos
y crece
en sus orillas
la amapola
del río

la soledad también
inventa sus hitos
y estudia
en los libros
de historia

la piedra rebosa
de silencio
y la encina gasta
su corteza
en camisas de tiempo

mis manos
enmudecen
cuando toco
las hojas del cielo

todo se circunscribe
a la luz
a los densos arroyos
y secos pueblos
del verano

el camino lleva
recuerdos
sin carreta

hasta tus brazos
basta una esquina
una hora de
viejos muros

la ventana puebla
cuerpos sin nombre
se sienta
en el horizonte
y fuma su rato
de azul

camino
junto con la esperanza
y una sombra
con campanario

las dudas huyen
por si acaso
ladran los perros
del coto

tu cuerpo instruye
a las montañas
en su geografía

el espejo deslava
las ausencias
y echa de menos
anillos
y humo

los caminos
descuelgan sus letras
y planchan el nuevo traje
que me viste

camino vivo